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  Las vainas de Armando Zabaleta. Frecuentemente visitaba a Armando en su residencia del barrio Modelo de Barranquilla. Era una biblioteca andante en lo que a música vallenata se refiere. Me contaba con lujo de detalles las historias y razones de sus variadas canciones y de sus años de músico trashumante por los departamentos de aquel lado del río, como La Guajira, El Magdalena, y El Cesar, acompañando a Luis Enrique Martínez, Colacho, Mendoza, y “Chema” Gómez, como cantante, compositor y guacharaquero. Canciones de peso y trascendencia como La garra, Amor comprado y No voy a Patillal, ganadora en 1.973 del concurso de la canción inédita en el Festival de la Leyenda Vallenata, permanecen en la memoria colectiva de los amantes del vallenato; sin embargo voy a referirme a lo que me contó Armando sobre su tema, Aracataca espera, un regaño que hizo a nuestro Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez. El nombre inicial de la canción era, El caserón, producto de la visita que hizo el c
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  El molino. Su figura de esqueleto con un solo brazo, plantado con firmeza al borriquete, la veía sin exagerar en todas las cocinas de mi pueblo, siempre listo para convertir en masa el grano que ha alimentado por siglos a los colombianos. Arepa, buñuelo, bollo, masato, peto, chicha, crispeta, torta, tamal, chito, aceite y muchos productos más, derivados del maíz, la gramínea milagrosa que ocasionó hace 300 años, una verdadera revolución agroindustrial en el país, deben primero pasar por el molino, para obtener la masa o nixtamal como la llaman en México, país de donde llegó la planta a Colombia, con el nombre ancestral de teocintle. Al comienzo el grano se trituraba con piedras y hasta con los dientes para preparar la chicha que alimentaba el espíritu de los aborígenes, en especial los zenúes, que poblaban las riberas de los ríos Zenú y San Jorge. El molino con su tornillo sin fin, una prensa para calibrar la trituración del grano y accionado por el impulso manual de una manigueta,
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 LA MICA. La mica a que me voy a referir no es la hembra del mico, ni el elemento químico de gran presencia en la naturaleza, que se utiliza para realizar láminas, mucho menos el femenino de los textos que con interés particular, cuelgan en forma sigilosa y tramposa a las leyes, algunos de nuestros congresistas; me referiré al elemento de peltre indispensable en todos los hogares de nuestro país, hasta la primera mitad del siglo XX, por no existir para la época baños internos en las residencias y que para nuestra comodidad fueron diseñados posteriormente por los norteamericanos, al compás de la construcción del alcantarillado técnico, una vez finalizada la segunda guerra mundial. El verdadero nombre de la mica es bacinilla, diminutivo del latín Bacina , que significa, vasija, recipiente alto y cilíndrico que se usaba en la antigüedad para orinar, sin olvidar el inodoro, inventado en 1.597, cuando John Harington, sobrino de la reina Isabel I, ideó una caja de madera, conectada mediante
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  Pedidos: Whatsapp:  +57 3017488014 / +57 3114243894 Correo: libarppgmail.com / samuz@hotmail.es
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El Corta panela Después de 55 años volví a verlo en el Estadero Museo Pueblito Viejo, del amigo Andrés González Pérez, en el municipio de Sabanalarga. No es una persona, ni es un hermoso paisaje de los muchos que tiene mi pueblo. Es un instrumento sencillo y de mucha utilidad hasta mediados del siglo XX, cuando el mercantilismo de los dulces procesados lo hizo desaparecer. Ahora ya no funciona y solo es un grato recuerdo de tiempos idos, por lo que permanece inmóvil con su largo brazo metálico levantado, esperando que alguien lo baje, para cumplir su labor de partir en dos o cuatro partes las panelas que se consumían en el pueblo. Había uno en cada tienda fijado sobre el mostrador, con su cuchilla dispuesta a dejar sus bordes llenos de miel, para que los niños nos acercáramos cautelosamente y la limpiáramos con nuestros dedos, para saborear los restos melosos del tradicional alimento colombiano. A pesar de ser una guillotina, que podía ser utilizada para otros cortes, su labor de cor